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La sensación de que las tendencias y la moda son cíclicas es más un hecho que una impresión subjetiva. Al menos, teniendo en cuenta los últimos flechazos estéticos de las grandes casas y la búsqueda desaforada de piezas vintage.

Es probable que, al menos alguna vez en tu vida, hayas escuchado eso de que «esto ya estaba de moda antes». Hay otras versiones que añaden matices tales como «en mis tiempos» o «esto lo llevaba yo de joven». Y ahora que los millennials se alejan de la juventud pura y dura (esto ya le corresponde a la generación Z), incluso ellos se ven arrastrados hacia las frasecitas de marras: el regreso de la estética de los 2000 se lo ha puesto fácil. Porque, efectivamente, los de parte de los 80 y los 90 ya llevaron (ya llevamos) los pantalones campana, el tiro bajo, la estética deportiva; los cropped top que ponían en jaque a nuestras madres en invierno , las pinzas diminutas y de colores en invierno y todo aquello que se colocase encima tanto Britney Spears como Lizzie McGuire.  Pero ¿por qué ahora parece que cuesta inventar algo nuevo en moda y que todo lo hemos visto antes?

Como suele suceder con este tipo de fenómenos, la respuesta no es única ni sencilla, pero hay unos cuantos hilos sueltos y bien visibles, como en un vestido mal cosido, de los que se puede tirar. Y el primero es el auge del vintage.

Grace Kelly en Monte Carlo en 1972.

 

Los grandes cambios en las ventas de una compañía suelen venir dados, a nivel creativo, por dos factores: o bien por hacer algo disruptivo que marque un nuevo inicio para la marca o bien realizar una oda al pasado. Hay muchos ejemplos de ambos casos, pero unos muy sonados son, por ejemplo, la entrada de Alessandro Michele en Gucci o Demna en Balenciaga, al mismo tiempo que las reediciones de estampados y siluetas antiguas de Prada o la colección de verano de Versace que homenajeaba a Gianni. De hecho, recurrir a éxitos pasados suele implicar tantas garantías que incluso hay quien se atreve a hacerlo con un pretérito reciente: en la famosa #GucciAria, la colección en la que Gucci y Balenciaga hicieron un intercambio de códigos para crear algo nuevo, estaba plagada de las primeras propuestas de los dos directores creativos. El resultado: el furor.

Modelos con vestidos de Emilio Pucci en 1976.

 

Pero ¿por qué las celebridades parecen estar ahora hipnotizadas por los archivos de las firmas de lujo? ¿Por qué Zendaya se decanta por vestidos antiguos en más de una y más de dos apariciones en la alfombra roja? ¿Por qué el vintage no hace más que aumentar, y parece que cuesta encontrar algo nuevo? Y no es que haga falta un Alexander McQueen en cada generación, ni siquiera una revolución como los pantalones de tiro bajo cada año (no olvidemos que fue él quien los inventó), pero sí es posible ver cómo parte de la novedad pura y dura se va diluyendo con el paso del tiempo.

El factor de la concienciación medioambiental y la sostenibilidad está ahí: ahora que nos dicen que hay que consumir de manera más responsable y evitar la sobreproducción, recurrir a prendas que ya existen es una manera de intentar frenar (que no detener) la rueda. Una pieza menos que terminará en el vertedero. Sin embargo, eso solo justifica el furor que parece estar despertando el vintage entre el público y no el hecho de que las propuestas de la pasarela parezcan estar más ancladas en el pasado que en lo que está por venir.

Twiggy y Justin de Villeneuve en 1968.

Es cierto que las modas, especialmente en el vestir, siguen una dinámica pendular que, en ocasiones, también se ha plasmado en una forma de campana, en la que hay puntos bajos de primeros adeptos y desinterés y una trayectoria más o menos amplia de tendencia. Y esto es tanto a nivel micro (con cada tendencia independiente) como a un nivel más macro, como con longitudes de faldas o determinadas estéticas. Pero este apoyo en la historia parece ir un poco más allá de las consabidas normas y reglas que han regido la vestimenta durante siglos pasados: hay cierta necesidad de seguridad.

No son pocos los críticos y analistas de moda que desde hace años, a medida que los acontecimientos globales se han ido acelerando, han esgrimido la idea de que la sociedad necesita, cada vez más, buscar una sensación de confort casi a toda costa. Y la manera más rápida de obtenerla es volver a recuerdos que produjeron bienestar: esa serie que viste durante tu adolescencia y que te hizo reír, esa canción que bailaste con más o menos inocencia en la discoteca de turno; el estilismo que llevaste en esa cita especial o, sencillamente, una suerte de uniforme que el tiempo ha dulcificado. Un mecanismo eficaz que explica todos los ‘reboots’ de series y películas que se están viviendo ahora y la vuelta a los códigos visuales que ya se conocen. Porque aunque sea una afirmación muy tramposa que es un palo en las ruedas de la creatividad y la vanguardia, hay quien sigue pensando que cualquier tiempo pasado fue mejor. Aunque solo sea porque ya lo vivió.

Lo cierto es que «a la moda, lo que te acomoda», así que sea de tendencia o vintage lo importante es que guste y te sientas bien con el estilo a usar.

 

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Fuente:

https://www.elmundo.es/

Category: Curiosidades

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